Ludovico ha encargado al maestro Leonardo una retrato mío. No sé si por tenerlo entretenido pues las grandes ansias de innovación con que ha entrado el maestro en la corte lo tienen un poco asustado, sobre todo en el campo culinario. Y aunque el menú con que nos obsequió en la boda de la sobrina de Ludovico, fue de lo más extravagante, creo que hacerlo maestro de ceremonias y banquetes por parte de mi amado fue un error.
Leonardo me hará un retrato, como hizo con Ginevra y como hará con las siguientes amantes de El Moro. No me importa. Ahora no me importa nada, estoy conmovida. El maestro es un hombre que me inquieta pero me apasiona. Su mirada parece ir más allá de lo simple, no sé explicarme. Su presencia me subyuga y obliga a abrir mi alma sin pudor alguno. Cuando estoy posando solemos hablar en ocasiones sobre sus proyectos que a veces me explica con tanta pasión, que en mi imaginación aparecen sus ideas hechas realidad. Me asusta su gran capacidad intelectual y la manera de apasionarse. Su inconstancia y su perfeccionismo hacen que deje sin terminar muchos de sus proyectos. Su pozo de sabiduría es inagotable y aquí en Milan puede dar rienda suelta a sus estudios.Ludovico está contento, Leonardo le ayuda a modernizar y equipar a sus fuerzas militares con extrañas máquinas y estrategias ingeniosas.
Un día a escondidas, entré en el estudio de Leonardo. El corazón me latía tan deprisa que se salía de mi pecho, pero la curiosidad me sometía. En la amplia sala me vi rodeada de artilugios nunca vistos por mi. Ensayos de dibujos y gran cantidad de pergaminos escritos sin orden ni concierto. Me acerqué a una gran montaña de manuscritos y observé lo que había dibujado en ellos; eran partes de cuerpos humanos, cabezas, brazos, ojos,.....en otro montón había animales, alas de pájaros, anatomía interior y exterior lo que me hizo corroborar que los rumores sobre las prácticas de disección de cadáveres eran ciertas. Leonardo me fascinaba más a cada instante y en cada dibujo suyo que descubría.
Intenté leer alguna de las infinitas anotaciones que el maestro hacía en cualquier trozo de papel. Libretas llenas de palabras que no podía descifrar de ninguna manera pues estaban escritas en algún código secreto que desconocía. Era muy celoso de sus ideas.Me disponía a salir de su estudio cuando observé que el lienzo de mi retrato estaba en una esquina tapado con una tela. La tentación era desmedida y me acerqué despacio dispuesta a contemplar como me veía él. Al levantar la fina tela que lo cubría y mirarme, me llené de una mezcla de fascinación y admiración. La belleza que desprendía aquel cuadro aun inacabado era infinita. Rozaba la perfección que tanto buscaba. Mi postura, mi mirada, el pequeño armiño que me acompañaba, ....Leonardo había traspasado mi alma y había mirado en mi interior plasmándolo en el lienzo con su pintura.....de repente entendí muchas cosas, .......era afortunada, .......estaba delante de un auténtico genio.